domingo

17- El Niño. 23-01-04

El niño facha se levantó aquella mañana y se preparó una pequeña cubeta de agua caliente para afeitarse, según su costumbre de los últimos 64 años desde su regreso a Madrid con los restos de la derrotada División Azul a Madrid en el siglo anterior. El niño era hombre de viejas tradiciones, de férreas convicciones que no se había molestado en revisar, convencido como estaba de la firmeza e inalterabilidad de las mismas, de la verdad aprendida como si se tratara de la palabra de dios, del dios del orden. Así que aquella mañana se disponía, como todas las mañanas de casi toda su vida, a escuchar las noticias en la radio.

Iba a comenzar el ritual del afeitado cuando se detuvo frente a una imagen que le devolvía el espejo y que sencillamente... no le gustaba.
A sus 83 años, por primera vez el niño se vio a si mismo como un viejo, sin fuerzas para seguir mirando esa imagen, tan distinta y tan distante de la que tenía de si mismo hasta la noche anterior y sin fuerzas para seguir cambiándola, sin ganas de luchar más para reavivar aquel pálido reflejo de la luz que no hacía tanto tiempo transmitían sus ojos.

Las noticias de la radio que escuchaba ese 19 de Abril de 2007 le enfrentaban de repente a una realidad de la que se había estado escondiendo
como se esconden las tortugas en su concha. Una bofetada de aire frío, tan frío como el que durante más de 60 años (desde aquella horrorosa, campaña
de Stalingrado) llevaba calado en el alma, le sacó de su mundo, de la concha en la que se había resguardado para retener el calor que le hacía
seguir teniendo razones por las que vivir.

De repente se contempló así mismo en el espejo, escuchando noticias que no entendía. Noticias que le hablaban de una guerra que no se estaba
librando, en la que no había campos de batalla... en la que no se veía al enemigo. La radio escupía un lenguaje indescifrable, lleno de siglas, de
palabras en otro idioma, y de motes. Motes como aquellos con los que había oído que la gente se ocultaba en Internet, ese nuevo campo de batalla en el
que nadie es quien dice ser, nadie es quien cree ser, nadie es quien los demás creen que es.

*****************

El espía, se disponía a disfrutar aquella mañana uno más de los plácidos días en los que acariciaba suavemente su vida, la cálida brisa de
su jubilación y en los que para su amargura, aquella calidez no conseguía aplacar del todo el frío de su corazón.

Desde su último destino en la C.I.A. había abandonado EE.UU. y sus días transcurrían en un interminable periplo por ciudades europeas en busca de
una mujer: Varsovia. La mujer de la que un día se enamoró de quien todavía no había conseguido averiguar si era la misma a persona a la que aquel
chileno, ahora perdido en las cloacas de la historia, llamaba Lina.

Salía de su casa aquella mañana a dar su habitual trotecillo matutino (esta expresión se puede cambiar por alguna otra en ingles: footing o
running, pueden valer) mientras veía las noticias en la pantalla de su movil-ordenador-afeitadora-que-tu-movil-una-mierda-de-movil-comparado-con-
el-mio.

Apenas un par de minutos viendo aquellas noticias le bastaron para comprender que no se trataba de ninguna broma de hackers aburridos. Volvió
a toda prisa sobre sus pasos y mientras subía las escaleras de tres en tres (el espía tenia ya una edad, pero se mantenía en bastante buena forma)
trataba de recordar alguno de los Nicknames (lo que Niñofacha llamaba "motes" pero en ingles, que es más fino) utilizados durante su vida activa.
Abrió precipitadamente la puerta de su vivienda, mientras con su voz daba las instrucciones oportunas a su sistema Home-PC-Cine-en-casa-con-un-
sensorround-de-la-hostia para iniciar la conexión a la red.

****************

El niño facha sintió súbitamente todo el frío de sus muchos años hasta en el último rincón de su alma. Tiritaba como solo recordaba haberlo hecho
sobre la nieve, en suelo ruso. Volvió a la cama apenas sin fuerzas, se encontraba solo, cansado, sin el calor que todos necesitamos en el corazón
para renovarnos, para la constante mutación, ese calor de cuya ausencia llamamos muerte.

Como tantas veces, no había querido el gran cambio que se le acercaba, no lo había provocado, ni sabia gestionarlo, ni siquiera entendía su significado, y como tantas veces, se dispuso a aceptarlo porque no le quedaba más remedio, se dispuso a adaptarse al entorno. El niño se daba cuenta que el final llegaba, la última de las mutaciones, cerraría para el su ciclo de cambios, su vida.

************************

El chileno estaba sorprendido. Se había lanzado aquella mañana, como millones de persones a la red en busca de la información que necesitaba para conocer lo que estaba pasando, para poder tomar decisiones. De repente se encontró con decenas de nicknames que le eran familiares: aparecían motes estúpidos sin significado para nadie, excepto para sus propietarios: Kobol, Bambino, Lina, se añadían a la lista de los que hacía mucho tiempo,
conocía.

Su curiosidad natural le llevó ese día a sorprenderse buscando en aquellas largas ristras de nombres virtuales alguno que le fuera familiar.
Trataba de hacer memoria mientras buscaba en aquella batalla algún amigo en el que poder confiar, alguna verdad a la que aferrarse, algún motivo para seguir vivos, para volver a tener ganas de cambiar.

************************
Tras las primeras noticias, la agonía del niño duró apenas unas horas. La último ráfaga de lucidez en aquel cerebro moribundo, le permitió apenas escuchar una noticia en la radio que seguía sonando, como única compañera de aquel viejo enfermo, de aquel hombre aquejado de la enfermedad más paralizante: el miedo ... el miedo a lo desconocido, al cambio.

>>> Las últimas noticias llegadas a nuestra redacción confirman que el contraataque de la guerrilla ha conseguido detener el avance sobre la red de la facción ultra de los Guerreros Galácticos. Las posiciones de ese grupo en U.S.A. han sido retomadas por la sección técnica de un grupo que se autodenomina "Impresionistas". Fuentes de la OTAN comunican que la guerra está a punto de terminar. Nadie sin embargo, sabe ahora lo que pasará a partir de ahora; como será este nuevo mundo que inevitablemente, nos vamos a encontrar mañana, al levantarnos, al despertar un nuevo día >>>

El niño cerró los ojos. No tenia ya capacidad de adaptación para otro enorme cambio. De repente se vio asimismo como una extraña luz que se alejaba de aquel cuerpo inánime en el que ahora sí, podía ver la cara del niño de 17 años que había visto en si mismo, como cada mañana, tumbado sobre la nieve y disparando a un enemigo que no llegó a ver morir.
Aquella ráfaga de energía abandonaba la habitación mientras oía una última frase en la voz del locutor que salía de aquel receptor de radio:

¡¡¡¡¡¡¡¡¡ FELIZ FIN DE SEMANA !!!!!!!!!!!!