Aquel hombre bajaba por las escaleras de la destartalada estación del metro de París procurando no ser visto por quien, unos pasos más abajo, apresuraba su bajada al oír lo que parecía un tren llegando en ese momento al anden. El espía comenzó a bajar los escalones de dos en dos, acelerando su paso para no perder de vista al chileno, el hombre al que perseguía.
Cuando accedió al andén comprobó como su hombre estaba subiendo en ese momento al recién llegado convoy cuyo agudo silbido advirtiendo que se iba, obligó al espía a apurar el aire de sus pulmones para imprimir un poco más de velocidad a su carrera ... consiguió entrar en el vagón en el que iba el chileno justo cuando las puertas se cerraban. Era ya muy tarde y a esa hora no viajaba casi nadie en aquella línea.
Desde la época en la que había estado sirviendo en misiones de retaguardia en Vietnam, el espía estaba habituado a reconocer el terreno donde iba de operar de un rápido vistazo: al fondo del vagón vio una pareja de jóvenes para los que simplemente el entorno no existía; disfrutaban del regalo de sus hormonas, de la pasión, de la "joie de vivre" que no es ingles pero va a valer esta vez... !que coño!, estamos en París.
A pocos metros, se situaban junto a una de las puertas dos hombres cuyos rostros el espía conocía. Se trataba de un par de españoles, dos vascos a los que nuestro espía había podido reconocer al haber tenido oportunidad de ver unas fotos que le mostró, semanas antes, su contacto de la C.I.A. en Madrid desde donde el espía venia siguiendo la pista de aquel chileno, enviado allí por uno de los hombres de confianza de Allende, sin
que se supiera el objetivo de su misión.
El chileno no quitaba ojo a los dos vascos, a los que seguía sin saber a su vez que el era también perseguido. Algo más allá los dos miembros de una pareja madura miraban distraídamente a ninguna parte y cerca de ellos se habían sentado tres ancianas cuya principal diversión parecía ser hablar de su larga lista de enfermedades.
Estaban llegando a la penúltima estación del trayecto, el espía sabia que en la última le estaba esperando personal de la Suretè Française con instrucciones personales del primer ministro de colaborar con aquel amigo americano en la detención de elementos izquierdistas potencialmente peligros.
Pero la actitud de aquellas ancianas estuvo a punto de dar al traste con la misión del espía: comenzaron a reprochar a voces la inmoral actitud de los dos jóvenes. Aquellos no parecían darse por aludidos (en realidad no se estaban enterando de nada, iban a lo suyo) y las voces de las viejas iban aumentado su volumen. El espía empezó a temer que aquel estúpido escándalo empujara al chileno a salir en aquella estación para evitar verse implicado en aquel revuelo.
Tenia que tomar una decisión rápida y no lo dudó: mientras el tren frenaba para detenerse en aquella penúltima estación se acercó decididamente a su hombre y le mostró la placa que la policía francesa le había proporcionado - tendrá que acompañarme a comisaría a contestar unas preguntas - le dijo.
A los dos vascos les faltó tiempo para salir del vagón apresuradamente cuando este abrió sus puertas. También salió, aunque sin prisas, la pareja, un hombre y una mujer de mediana edad que parecían no darse cuenta de nada. Únicamente las tres viejas permanecían en sus asientos sin intención alguna de dejar solos a los dos jóvenes que parecían dispuestos a convertir aquel vagón en un antro de perdición.
El espía miró a las viejas, e instantes después dirigió su mirada a los jóvenes. La imagen de los ojos de Varsovia mientras sus caras se acercaba en un beso como el que se daban en ese momento los dos chicos le resultó agradable y dulcemente dolorosa.
Pensó en hacer un regalo a aquellos jóvenes a los que no conocía: se dirigió a las ancianas sin despegar de la espalda del chileno la pistola que, disimulada bajo el bolsillo de la chaqueta mantenía a su oponente, dócilmente, a su lado. A la voz de - ¡Policía, bajen
inmediatamente de este vagón, hay una bomba! - las viejas sorprendieron al espía por la velocidad con que abandonaron el vagón sin llegar a ver siquiera la falsa placa que les mostraba.
Mientras veía como se cerraban las puertas, sonrió al ver alejarse en aquel vagón a los chicos que, ya como únicos pasajeros (circunstancia de
la que acababan de darse cuenta) habían permanecido ajenos a lo que ocurría en su entorno....
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A la mañana siguiente aquellos muchachos no podían creer la suerte que habían tenido. El incidente del metro se había saldado para ella con un orgasmo interrumpido y para el con una manita de hostias que le habían dado dos de los polis mientras les trasladaban en un Citroen DX sin distintivos a un moderno edificio en La Defense. Allí se ocultaban discretamente, bajo la apariencia de oficinas, instalaciones que la Seguridad Francesa compartía
con la C.I.A. Habían pasado la noche encerrados en una habitación insonorizada y acolchada de la cual les habían dejado salir a primera hora sin ninguna explicación, sin ninguna excusa.
Como habitualmente vivían en España y estaban en 1.973, tampoco sabían que tendrían que haber pedido explicaciones, que tenían derechos, que ... en fin, que estaban contentos por haber salido casi ilesos del lance y se fueron a su pensión a celebrarlo.
Unos minutos después, el chileno abandonaba aquellas instalaciones mucho más sorprendido aún que los muchachos. Después de una larga noche de interrogatorios, estaba ileso, había sido bien tratado y la aventura de su detención en nada se parecía al infierno que aquellos días se desataba en su país de origen para los que habían tenido la desgracia de ser detenidos.
Dentro, el espía miraba con infinita melancolía aquel dólar de plata; había interrogado a aquel chileno toda la noche para obtener una información que ya conocía: aquel hombre llegó a París con la intención de evitar que se cumpliera el objetivo de los dos vascos que, no sabia como, habían conseguido papeles que podían comprometer a Lina. Ella en realidad no estaba implicada en aquella trama y el chileno no tenia ninguna intención política, solo quería proteger a su gitana.
Cuando el espía interrogó al chileno sobre aquella mitad del dólar de plata que le habían encontrado en el registro, en cuyo borde se leía la inscripción W.D.B.I.G.B, al interrogado se le acabaron las ganas de hablar.
Hasta ese momento no había tenido inconveniente en responder cualquier pregunta. Pero el hombre de la C.I.A. supo, al leer aquella inscripción, que no le arrancaría una sola palabra sobre el origen de aquel extraño objeto, que se dejaría despellejar vivo antes que revelar ningún detalle que pudiera dañar a la mujer de la que lo había obtenido.
Se limitó a mirar a los ojos de aquel hombre al que, como hombre, comprendía tan bien sin apenas conocerle, le dijo que podía recoger sus cosas y le deseó
¡¡¡¡¡¡¡ FELIZ FIN DE SEMANA !!!!!!!!!
Cuando se quedó solo, se sentó frente a su maquina criptográfica, heredera de la Enigma que se hizo famosa en la II Guerra Mundial, el informe para sus superiores; comenzaba así:
Vía libre para nuestros amigos del norte. La fecha establecida para el suceso será el 20.12.73 El cielo está despejado... Carrero Blanco puede volar.
domingo
15- París (y 2) --- 12-12-03
Publicado por
PrisDis Networkers Tele.com
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12:42 PM
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