domingo

8- Al principio fue – 24/10/03.

Bambino y Varsovia se aburrían en su recorrido por aquellas oscuras vías de Metro. Así que habían decidido entretenerse un rato leyendo en una biblioteca pública que habían encontrado y que llamaban Internet.

- Mira Varsovia. Aquí hay un fragmento de "Niebla", una novelita que ha escrito un tal Unamuno, mira lo que dice uno de los personajes, Augusto-.

<<<< - Pero no sé lo que desde entonces me pasa; casi todas las mujeres que veo me parecen hermosuras, y desde que he salido de casa, no hace aún media hora seguramente, me he enamorado ya de tres, digo no, de cuatro; de una primero, que era todo ojos; de otra, después, con una gloria de pelo, y hace poco de una pareja, una rubia y otra morena, que reían como los ángeles. Y las he seguido a las cuatro. ¿Qué es esto?

-Pues eso es, querido Augusto, que tu repuesto de amor dormía inerte en el fondo de tu alma sin tener dónde verterse; llegó Eugenia, la pianista, te sacudió y remegió con sus ojos esa charca en que tu amor dormía : se despertó éste, brotó de ella, y como es tan grande se extiende a todas partes. Cuando uno como tú se
enamora de veras de una mujer, se enamora a la vez de todas las demás.[...]

-¡Vaya una metafísica!
-Y ¿qué es el amor sino metafísica? >>>>>

- ¡Que bonito!. Ese tal Unamuno escribe unas novelas de amor que ya quisiera la Corin Tellado , ¿verdad Varsovía?.

Varsovia obsequió a Bambino con una mirada de esas que a los hombres les hacen sonar el interior de los calzoncillos... como a calderilla.

- Si, muy bonitas. Lástima es que el pobre esté tan muerto como tu cerebro. Definitivamente guapo, deberías acudir más al gimnasio. Anda rico, tu dedicate a leer el Men's Healt, a ver si te animas a hacer algo de ejercicio y te ponen duro el músculo ese que gobierna la materia gris de los tíos.

- Creo que no deberías ser tan dura con nuestro cerebro. Después de todo, desde el momento de nuestra concepción también lleva grabada información genética que nos condiciona en nuestros actos.

- Ya, pero también llevaba la de la agresividad, en origen un sistema de supervivencia y hace tan solo mil años os matabais con vuestras manos, mientras la sangre del enemigo os impedía la visión chorreando por vuestros ojos. No os temblaba el pulso mientras hundíais vuestra espada en el estomago del adversario y no cejabais de removerla dentro de él, hasta que veíais las tripas desparramarse por fuera de la hendidura.

Bambino callaba, ahora no entendía a donde le quería llevar su mitad femenina.

- Y ahora ya ves, os conformáis con soltar impertinencias, estúpidas fanfarronadas mientras os batís como héroes con una raqueta en la mano, o con una pelotita en los pies, gritando "adelante". Y para que nada os impida la visión, os ponéis una ridícula cintita en la cabeza y que el sudor no os caiga a los ojos.

- No creas - afirmó convencido Bambino, que en el tema de deportes se encontraba fuerte - también están los modernos, los que se ponen una gorrilla de esas de los americanos con el símbolo de los Nicks, el equipo de N.Y. que juega en N.B.A.

- Ya. Y eso es precisamente lo bueno. Habéis evolucionado para bien... en casi todos los aspectos, pero cuando se trata de determinado tema, enseguida lo solucionáis con la apelación a la imposición de vuestros genes. Como si el ambiente, la crianza o una cultura de siglos no fueran determinantes, nada más que en el aspecto que a vosotros os interesa.

Bambino calló. Como siempre, su lado femenino le había dejado sin argumentos. Así que Varsovia seguía con su erre-que-erre.

- Pero resulta que, después de siglos de cultura, aparecen los genetistas con sus teorías sobre la eugenesia, y hay gente que se inspira en ellas para matar, para masacrar a 6 millones de judíos por ejemplo.

Varsovia se impacientaba con la cara de Bambino, con aquella cara que ponia de no entenderla - En fin, todo eso no importa, eso es un error de algún loco que (además, mira tu) seguro que llevaba incorporada la locura en la información grabada de su ADN, como si todos aquellos que le votaron para llegar al poder también la incorporaran de serie, como ahora llevan los coches el ABS. -

Y la tía seguía, como si se tratara del conejito de Duracell, aquello parecía no tener fin - Vamos a dejarlo, estoy cansada de leer, en definitiva: que no tenéis moral ni principios y eso no lo va a arreglar ningún deporte.

Bambino no entendía porque su lado femenino se ponía así, ni que le quería decir con aquello de los principios, que no sabia lo que eran. Trató de cambiar de tema, leyendo en voz alta lo primero que cayó en su mano: la hoja suelta de un libro, de un tal Stuart Mill que no sabía quien era, ni sabia si hablaba de un principio de esos a los que se refería Varsovia.

>>>>> El principio requiere libertad de gustos y actividades, libertad para formular el plan de nuestra vida con el fin de que se adapte a nuestro carácter, libertad para hacer lo que nos gusta, sujetos a las consecuencias que puedan derivarse, sin impedimento por parte de nuestros semejantes, siempre que lo que hagamos no les perjudique, incluso aunque piensen que nuestra conducta es estúpida, perversa o equivocada. <<<<<<<<

Varsovia calló; pensó que mejor que la del Basilisco adoptaría la postura del Catoblepas y agachar la cabeza, mirar hacia abajo y no mostrar los ojos de aquel animal que, según el mito, con su mirada dañaba a los que tenían la desgracia de recibirla.

- ¡Hay que joderse! - exclamó Bambino - Estas en plan "soviético" chata. ¿Sabes lo que te digo?, que la próxima semana yo me voy al gimnasio y la historia la cuentas tu. A ver como te las ingenias para volver a decir

¡¡¡¡¡¡¡ FELIZ FIN DE SEMANA !!!!!!!!!!