La tercera guerra mundial (WW III) duró 72 horas.
No había, a priori, día D en los planes del ejercito invasor, simplemente esperaban; agazapados en la red aguardaban el momento en el que una nueva caída del sistema de distribución de energía eléctrica de los U.S.A. les diera aquellas 3 ó 4 horas que necesitaban para establecer su cabeza de playa, su particular Omaha.
A la 0,49, hora de N.Y. de aquel 19 de Abril de 2.007 comenzó el ataque. Desde las 0,23 de aquella tibia madrugada en la costa este los sistemas eléctricos estaban interrumpidos, los planes de emergencia habían funcionado solo parcialmente y no estaba operativo un número importante de los ordenadores que controlaban sistemas esenciales desde un punto de vista estratégico para la continuidad de aquel inmenso negocio, en constante expansión desde el siglo XVIII, que se llamaba Estados Unidos de América.
En cuanto se supo que había vuelto a ocurrir, aquel ejercito de crackers que aglutinaba todo un arco iris de ideologías antisistema además de francotiradores del movimiento antiglobalización y fundamentalistas islámicos, muchos de los cuales habían sido cuidadosamente preparados durante los 3 últimos años por una "vanguardia" al estilo de la que propugnaba en su día la ideología marxista: programadores de la India, Pakistán, Filipinas, Indonesia...
En total, mas de 100.000 soldados armados de un ratón y sus habilidades de "cracking" se lanzaron en un cuidadosamente planificado ataque cuya preparación había durado más de 3 años, sobre los sistemas de comunicaciones de su odiado enemigo.
A las 2,01 se habían neutralizado los pocos sistemas de emergencia que habían funcionado en un primer momento. A las 2,17 la caída de la red eléctrica se había extendido a 35 de los 48 estados del continente americano; el apagón afectaba también a Canadá y gran parte del norte de México. En ese momento, aunque la poca población civil que se mantenía despierta, aún pensaba que se trataba de otro apagón, ya habían saltado todas las alarmas del pentágono, la alarma nuclear estaba en DEF con 4 y los planes de emergencia sobre guerra electrónica se habían activado; aún no lo sabían, pero ya era tarde.
Mientras la "divisan eléctrica" efectuaba su trabajo, la de telecomunicaciones avanzaba a gran velocidad sobre aquel campo de batalla, solo en apariencia, virtual. A las 2,11 se habían interrumpido las líneas telefónicas de cable, a las 2,45 las inalámbricas en todo el país, a las 3,59 la división de telecos había conseguido su principal objetivo, la toma de todos los satélites que controlaban los sistemas informáticos desde suelo estadounidense.
Los atacantes sabían que a su enemigo no les serviría de nada esta vez todo su poderío nuclear, el ataque se producía desde más de 183 países, no había enemigo visible al que arrasar, aquel gigante con pies de barro no podía destruir todo el planeta para defenderse, por la sencilla razón de que ese seria también su fin.
A pesar de la rapidez con la que se habían puesto en marcha los planes de contingencia, de que todo un batallón de hackers, antiguos francotiradores que trabajaba ahora para el gobierno oponía una tenaz resistencia a los atacantes, estos eran más, contaban con el efecto sorpresa, tenían un plan y lo cumplían con militar disciplina.
Mientras, los defensores trataban de adaptarse al "CAMBIO" a paso ligero, pero era inútil. A las 5,29 habían caído ya todas las redes eléctricas del país, casi todos los sistemas de comunicación estaban interrumpidos, excepto algunas emisoras locales de radio locales que los atacantes (bien aleccionados por el ejemplo de Orson Wells y aquella historia de La guerra de los mundos) habían dejado intactas.
Comenzaba a salir en sol en la costa este, a las 6,12 de aquella madrugada, cuando el ejercito invasor daba por finalizada con éxito la primera fase de la ofensiva. A partir de ahí, aquellas emisoras de radio local, sintonizadas en los hogares en los que hubiera un pequeño receptor y unas pilas, iban a servir de mortífera arma al servicio del ejercito invasor: amplificarían la ola de pánico, que media docena de pequeños atentados (apenas unos petardos con un centenar de heridos) se encargaba de iniciar a las 6,30. La segunda fase había comenzado....
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- ¡ Que coño estas pensado, pringao!. ¡Adelante, muévete que nos coge el tren!.
La colleja de Varsovia, la otra rata, le dolió de verdad. Observó entonces la luz del convoy que se dirigía hacia ellos a toda velocidad y se apartó corriendo hacia una de aquellas oquedades, que en la pared del túnel se utilizaban para dejar material de mantenimiento. Aquellos vagones del metro pasaron a toda velocidad su lado mientras las 2 ratas se tapaban los oídos ensordecidas por el chirrido metálico de los raíles.
- ¡Joder Bambino, vives en las nubes! , esta vez ha estado a un pelo el dragón ese de hacer carne picada de rata con nosotras, chilló Varsovia cuando el peligro había pasado.
Bambino no dijo nada, estaba triste. Desde que decidió cambiar, leyendo aquella simpática historia del queso, donde los ratoncitos que se adaptan tan bien a los cambios mientras los liliputienses como él, siempre iban a remolque, no había vuelto a ser el mismo. No sabia que falló en la mutación, el caso es que no le gustaba su nuevo aspecto; a pesar del nombre, era una rata ya mayor, fea, grande y peluda con unas rayas azules y blancas en las patas que le deban un aspecto, como de Obelix de los roedores.
Eso sí, las 2 ratas se HABÍAN ADAPTADO AL ENTORNO divinamente: siempre encontraban algo que comer y solo tenían que recorrer aquellos túneles oscuros escondiéndose de la brigada de desratización. De vez en cuando uno de aquellos monstruos con luces les producía un pequeño ataque de ansiedad, pero lo único que tenían que hacer era esconderse en algún hueco, y cerrando ojos y oídos, esperar a que pasara.
Varsovia (en realidad era un tío, pero con su natural inclinación al travestismo había encontrado un filón con eso de los "nicknames") incluso comentaba lo que había mejorado su situación desde que había dejado las cloacas en las que vivió en otro tiempo.
Bambino no se quejaba mucho; pero de vez en cuando echaba de menos aquellos correos que escribía antes del cambio, y que siempre terminaban igual
¡¡¡¡¡¡¡¡¡ FELIZ FIN DE SEMANA !!!!!!!!!!!!!!
También le apenaba no tener en aquel túnel nadie del Barça al que darle caña.
domingo
2- WW III - 5/9/03
Publicado por
PrisDis Networkers Tele.com
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2:37 PM
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