Stalingrado, 28 de Noviembre de 1.942
Amadisima madre:
"Cierra los ojos niño, cierra los ojos... y dispara". Recuerdo aquella frase que me dijiste al despedirme, con tu mirada arrasada por las lagrimas, el día que me alisté como voluntario en esta División Azul que ahora combate en los arrabales de Stalingrado, en este desierto nevado salpicado de sangre, donde ahora estoy, temblando violentamente, más de miedo que de frío, tumbado sobre la nieve y agazapado mientras temo a un enemigo que no puedo ver desde aquí.
Y cierro los ojos madre, cierro los ojos... y disparo. Ya no me queda nada de aquel odio, el odio que me inculcó papá mientras pasábamos los días escondidos en casa, en el Madrid atestado de milicianos durante nuestra cruzada de liberación.
Aquel odio que junto a las ansias de aventura de un niño de 17 años, me empujó a alistarme en la División que dirige el general Muñoz Grandes, para lo que tuve que mentir sobre mi edad.
Cierro mis ojos de niño, y para ahuyentar el miedo, disparo a un enemigo que no veo morir, mientras sueño con el futuro: han pasado treinta y tres años, ya no soy niño y trabajo en una siniestra oficina. Entretengo con mis "batallitas" , con mis relatos de lo que algún libro de historia denominará "guerra de ratas", a otro niño, un chaval de 16 años, un aprendiz.
Sonrío al soñar como, ya con la visión del hombre, me hacen gracia las palabras de aquel otro niño, llenas de la ironía y el sarcasmo con los que el chaval oculta lo que piensa de mí. Sonrío a ese muchacho, del bando de los perdedores de la guerra civil,
para el cual sencillamente no se puede confiar en alguien como yo, porque estuve con los "ganadores".
Sigo soñando y veo como el no cree que yo no sepa si llegué a matar a algún enemigo, porque asustado, ahora cierro los ojos. El no cree lo de la hermosa muchacha rusa; para el sencillamente, no pudo ser otra cosa que una violación, viniendo de alguien que
luchó con los nazis. Yo sonrío y pienso que el niño un día, se hará mayor y aprenderá que las ideologías no están por encima de las personas. Yo sonrío y pienso que, sencillamente, la vida le enseñará a tomar distancias.
Y ahora cierro mis ojos de niño, cierro los ojos... y sueño.
Sueño mientras disparo y mientras veo el futuro de aquel otro niño. Trabajará en una especie de túnel con muchas maquinas que no se para que sirven, y hablaran raro, con letras y nombres que nadie entiende , como si fueran espías. En ese futuro "adelante" no será una orden para atacar las posiciones enemigas, cuerpo a cuerpo, sangre a sangre, será simplemente, un eslogan.
Entenderá porque cierro los ojos mientras disparo, tiritando de frío y de miedo y luchando por no llamarte a gritos, mama; por no parecer el crío que soy. Entenderá que no quiera mirar, que no quiera saber si muere alguien bajo mis balas. Y creerá entonces,
que en una destartalada cabaña rusa encontré a aquella chiquilla rubia, tan asustada como yo y con las sangre también alborotada por la adolescencia. Comprenderá que lo que pasó fue simple: juntos buscamos el desahogo de nuestros miedos.
Y cierro mis ojos de niño, cierro los ojos... y sonrío. Sonrío al pensar que un lejano día, aquel aprendiz al que encontraré en mi madurez también se hará mayor. Sonrío al pensar que tal vez me recordará y pensará en mi, y en lo que de mi aprendió. Y pensará también, que ya es hora de que reciba los honores que merezco por el valor que, a el si le demostré: el valor de mis hechos.
Sobre aquel uniforme alemán que un día lucí orgulloso y ahora, arrepentido y asustado, nunca veré relumbrar la famosa cruz: la cruz de hierro. Tampoco veré esta virtual que me envían ahora.
No sabré que habrá alguien que pensará que esta vez, ni ingles, ni siglas, ni brujas, ni maricas, ni Barça, ni pollas; que esta vez debe rendir su particular homenaje a aquellos que ya no estamos, a todos aquellos que le enseñaron a no tener miedo a los cambios, a adaptarse al entorno. Que recuerde el viernes de un niño al cual, por el broncazo de algún jefe inflexible, las lagrimas asoman en sus ojos, solo frenadas por el orgullo inútil
de la adolescencia; un niño al que alguien consuela con una sencilla sonrisa, una mirada de compresión y un simple
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ FELIZ FIN DE SEMANA !!!!!!!!!
No sabré, madre, que alguien en el futuro cierra los ojos... y dispara, pinchando en el icono de "enviar".
Adiós madre. Te quiero... y te echo de menos.
****************************
Bambino miraba a Varsovia con la cara del que no puede creer lo que está oyendo - ¡Te has vuelto loca!, quieres volver a hundir nuestra reputación, quieres que piensen otra vez que somos un maricon, después de mis esfuerzos, de inventarme historias que les hacen creer lo contrario, vas tu y te descuelgas con esta especie de espístola de San Jesús Vázquez del Orgullo Gay a sus apóstoles.
- Creía que te gustaban las Hazañas Bélicas. Acuerdate que de pequeños, eran nuestros tebeos preferidos - replicó la otra rata.
- Exacto, las hazañas bélicas.... ¿entiendes?... hazañas ¡BÉLICAS, MECAGUENLAPUTA TÍA!.... no un cuentecito absurdo apto para publicarse en la revista Zero.
Varsovia seguía caminando, como siempre, sin prestar atención a las palabras de Bambino - Bueno, tranquilo hombre, tranquilo, que la próxima historia la cuentas tú. Podrás desquitarte con alguna de tus historias tórridas, de Hoteles Glamour o alguna gilipollez así.
- El hotel ese ya no está de moda. Creo que ahora toca hablar del Gran Hermano - contestó Bambino, ya algo más animado ante la perspectiva de tocar un tema... tan moderno como este.
domingo
13- La cruz de Hierro – 28-11-03
Publicado por
PrisDis Networkers Tele.com
en
2:11 PM
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Diseño original por headsetoptions | Adaptación a Blogger por Blog y Web
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada